Por: Roberto Rosario Vidal Mario Florián (Nanshá, Contumazá, Cajamarca, 1917- Lima,1999), no sólo fue el gran poeta representante del neo indigenismo peruano, como lo señala José Jiménez Borja. Fue un poeta fundamental de la poesía nacional, el más preclaro intérprete del sentimiento andino y una de las voces más prístinas y vigorosas de su generación. Lo conocí caminante por las tierras del Perú, con su estructura formidable y hablar cadencioso, sencillo, como vientecillo de abril. Mario Florián había varado en la costa como los maderos que arrastran los ríos. Magullado, dolido, pero con el alma soberbia y querendona como las espigas danzarinas y las pajas timbaleras de las montañas, allá arriba, donde se le quedó el recuerdo. Siempre fue un niño y jamás dejó de ser pastor. Hermano de las vizcachas lunadas, toritos de fiesta y caballos, alígero rayo. Siestas en el trigal, en medio del surco del maizal, comiendo habas tiernas, zarzamoras y miel de caña. Amigo del picaflor...
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