miércoles, 27 de agosto de 2014

EL AUTO QUE NO LLEGO



EL AUTO QUE NO LLEGÓ
Este trabajo puede ser reproducido, en todo o en parte, registrado y transmitido por un sistema de recuperación de información, bajo cualquier forma o medio, ya sea mecánico, fotoquímico, electrónico, magnético, electroóptico, por fotocopia o cualquier otro, sin necesitar permiso previo de su autor.
El pasado 18 de agosto llegué a la Ciudad de Panamá, invitado por la Cámara del Libro de ese país, para participar en la X Feria Internacional del Libro que, bajo el lema de El gran imperio de la imaginación, se desarrollaría del 19 al 24 de agosto de 2014. A parte de los escritores mexicanos, país al que se le dedicaba la Feria, era uno de los siete autores extranjeros de otras nacionalidades invitado. Participaría además, en condición de conferencista, en I Congreso de Promoción de Lectura, evento concebido para desarrollarse conjuntamente con la Feria.
Mi avión llegó puntual. Los trámites de inmigración y aduana no fueron para nada demorados. En la puerta de salida, una hermosa panameña, vestida con uno de sus trajes típico, daba la bienvenida y repartía propaganda con programación turística; había también un nutrido grupo de familiares, taxistas, agentes de viajes y personas comunes que, con un letrero en las manos con el nombre del viajero que debían recoger, esperaban. Entre estos últimos debía estar el sujeto que me recibiría y llevaría al hotel. Pero nadie esperaba por mí.
Aguardé un tiempo prudencial por si alguien aparecía buscándome, pero finalmente decidí intentar llamar a las personas que tenían que ver con la organización de la Feria y con la invitación que me había llevado hasta allí, pero los teléfonos no contestaban, pues eran números en sus oficinas, y las anfitrionas estaban fuera. De haberme informado previamente el hotel donde sería mi hospedaje, hubiera podido tomar un taxi y trasladarme hasta él, pero no lo habían hecho, y yo lo desconocía.
Parodiando el título de una película italiana de la década del sesenta, me encontraba Seducido y abandonado, en un sitio fuera de mi país, por lo que no tuve más remedio que recurrir a los amigos. Llamé a Irene Delgado, Presidenta de la Academia Panameña del Libro, quien se ocupó de averiguar dónde llevarme, y fue por mí al aeropuerto. Después fueron las excusas y las disculpas que en una cadena descendente de jerarquía, me fueron ofreciendo, pero el daño ya estaba hecho: sencillamente se olvidaron de mí.
Si comento públicamente este suceso, no es para denunciar una afrenta personal, pues no considero que la causa que lo ocasionara tenga un matiz o trasfondo individual, sino que creo que el verdadero motivo de semejante descuido va más allá del simple sujeto que soy, y tiene que ver con la etiqueta que nos acompaña, a mí y otros tantos colegas, de escritor para niños y jóvenes.
El concepto que se tiene del escritor para niños y jóvenes es la de un creador de segunda categoría; y su producto artístico, de poca monta. Los grandes centros de poder literario consideran que las letras creadas para estos lectores de menor edad, no alcanzan los parámetros estéticos necesarios para pretender pertenecer al gran Parnaso de la literatura.
No olvidemos que durante todas las épocas y condiciones sociales por los que ha transitado la humanidad, mientras los adultos disfrutaban de las actividades de recreo, cualquiera que esta fuera, eran ellos los que permanecían en el mejor sitio de la cueva, compartían en los grandes y fastuosos salones, ocupaban las principales estancias de las casas,  estaban en los más cómodos sitios…; mientras que, en la cocina, el fondo de la edificación, la leñera, o el traspatio, era algún decrepito anciano, un nostálgico esclavo, un humilde siervo o una vieja criada de la familia la encargada de entretener a los niños con las historias y leyendas que conociera o inventara.
La discriminación artística y social de la que somos víctimas los mal llamados escritores para niños no son ideas absurdas o delirios paranoicos de personas sensitivas o con complejos de minusvalía. Como verdades reales y objetivas, los hechos afirman lo que digo.
Y ya que hablamos de ferias de libros, hablemos de ferias de libros.
La experiencia que tengo de las ferias internacionales a las que he asistido en West Palm Beach, en Guadalajara, en Quito, en La Paz, en Santiago de Chile, en Bello Horizonte, en Puerto Bara y en La Habana, es que, a pesar de que el gran público que generalmente asiste a ella son niños y jóvenes, estas no están concebidas para que la literatura infantil tenga el mismo rango de presencia que la literatura para adultos. Rara vez se programa una presentación de libros para niños, y cuando esta se hace, invariablemente se acompaña de payasos, hombres zancudos, tamborileros, actores, titiriteros, músicos o cualquier otro personal que con su quehacer festivo calce (y opaque, digo yo) la esencia y valor intrínseco que tiene un libro, e impida la relación interpersonal del autor con sus lectores. Los periodistas no se interesan por nosotros y los grandes escritores, ocupados en cuestiones más importante, no miran a los lados cuando pasan por los stand de libros infantiles.
De Cuba, rara vez, se envía de manera oficial a un escritor para niños a una feria en el extranjero. A Panamá, y para que no quede duda, repito que fui invitado de manera personal por la Cámara del Libro de ese país. No lo puedo asegurar, pero colegas de diferentes latitudes me han manifestado sus quejas de que a ellos tampoco se les toma en cuenta a la hora de conformar las delegaciones oficiales de sus respectivos países. Los libro de mi país que se muestran (y tratan de vender) en estos recintos feriales, como representantes de la literatura cubana, son, en su gran mayoría, libros de divulgación política e ideológica.
A pesar de que en los círculos especializados, se ubica a la literatura infanto juvenil cubana en la primera línea de vanguardia literaria del continente, los libros de los autores de la isla, con algunas contadas excepciones, rara vez salen de ella; y nuestros autores, a no ser que hayan logrado colocar un título en una editorial extranjera, son totalmente desconocidos del gran público no cubano.
En el stand de Cuba en la Feria Internacional del Libro de Panamá, y cito a esta como ejemplo demostrativo de lo que digo, pues fue el contratiempo de mi llegada a ese país, lo que ha motivado estas reflexiones,  había solamente cuatro títulos de literatura infantil:
-       La Edad de Oro, de José Martí.
-       El cochero azul, de Dora Alonso.
-       Akelé y la jutía, de Miguel Barnet.
-       Había una vez, de Ruth Robés Masses y Herminio Almendros.

En el caso de Miguel Barnet, escritor de reconocimiento internacional, no es, sin embargo representativo de la literatura infanto juvenil cubana. Su nombre no aparece en el Gran Diccionario de Autores Latinoamericanos de Literatura Infantil y Juvenil (SM, Madrid, 2010) donde se recogen noventas autores cubanos, y Akelé… es su único libro dirigido a los niños.
Había una vez, no es tampoco un libro representativo de la literatura cubana, pues contiene una selección de versos de reconocidos autores de diferentes épocas y países y adaptaciones de narraciones clásicas populares. Por demás, Hermino Almendros no es cubano, es un español refugiado en nuestro país por razones políticas después de la Guerra Civil Española; Ruth Robés Masses sí lo es, pero por haberse exiliado por razones política, pero de otra índole, en los años sesenta, su nombre no se incluye en las múltiples ediciones que en Cuba se han realizado de este título, y su labor resulta totalmente desconocida en los ámbitos literarios de la isla.
Fue la condición de escritor para niños la razón para que el auto que debía recogerme, nunca llegara al aeropuerto de Panamá para llevarme hasta el reciento de El gran imperio de la imaginación, a pesar de considerarme un digno y fructífero ciudadano del mundo de la fabulación.

 

miércoles, 31 de julio de 2013

PRESENTACION DE LA NOVELA GANADORA DEL PREMIO LATINOAMERICANO DE NOVELA PARA NIÑOS

La Academia Peruana de Literatura Infantil y Juvenil tiene el agrado de invitar a la presentación de la novela ganadora del Premio Latinoamericano de Novela para Niños UN REMEDIO PARA BENVOLIO de la escritora argentina Judith Mendoza-White.


Lugar: Feria del libro:

Fecha: Jueves 1 de agosto. 4.00 pm.

Presentan: Escritores Carlota Flores de Naveda y Roberto Rosario Vidal.

sábado, 8 de junio de 2013

PRESENTACIÓN DE “SEÑAL DE LA CRUZ” POR NELLY VILLANUEVA

                                                                                                              Nelly Villanueva Figueroa
                                                                                                     Presidenta de la Sociedad Patriótica


Distinguidas personalidades que presiden esta reunión, amigos y amigas que han respondido a nuestra convocatoria, estimado Roberto:

En el marco de este fructífero conversatorio sobre “Huaraz y sus Escritores”, me complace hablar de un coetáneo, ligado a nuestro pensamiento y sentimiento andinos, Roberto Rosario Vidal, como él mismo dice: “Un ancashino nacido en Lima” en 1948.

Su infancia y adolescencia transcurrieron en Caraz y en Huari. Por eso, aunque ahora vive en “la monstruosa Lima”, siempre vuelve a la tierra, de la que, realmente, nunca se fue.

Roberto Rosario es educador y abogado. Sus dos profesiones las ha puesto al servicio del niño y de sus derechos:

- Derecho a vivir en buenas condiciones, con alimentación y salud aseguradas. Para atender este derecho, fue representante del Perú, ante el Instituto Interamericano del Niño, organismo de la OEA.

- Derecho a desarrollarse y realizarse con educación y recreación, donde la literatura cumple un rol fundamental. Por ello, en 1982, creó la Asociación Peruana de Literatura Infantil y Juvenil – APLIJ, que ha rediseñado y actualizado. Actualmente, conduce la Academia Peruana de Literatura Infantil, integrante de la Academia Latinoamericana de Literatura Infantil.

- Derecho a ser protegido, cuando son vulnerados sus derechos. Para hacer respetar este derecho, fue Director General de Defensa del Menor del INABIF y miembro de la Comisión Revisora del Código de Menores.

- Derecho a participar, como persona que tiene su propia visión y opinión: Para dar cumplimiento a este derecho, en 1986 y 1987, organizó el primer y segundo Parlamento Nacional de Niños, luego de haber participado en la Asamblea Mundial “Bandera de la Paz”, realizada en Bulgaria, los años 1982, 1985. Posteriormente volvió a participar en esta Asamblea, en 1988.

Como escritor para niños, achica su voz, pero no la profundidad de sus ideas y nos entrega obras que nos producen goce y encanto. En 1984, recibió el Premio Nacional de Literatura Infantil.

Ha sido parte del quehacer generacional de AEPA, participando en los Encuentros Regionales. En el 2005, por ejemplo, se leyó su ponencia sobre “Literatura Infantil en Ancash”, ya que personalmente no pudo acudir, debido a un accidente de tránsito, cuando se dirigía de Lima a Huari, sede del Encuentro. Lo conocí en otro Encuentro, donde pude disfrutar de su “Shica Shica de Limón” que ha incursionado, con éxito, en la televisión.

Roberto no sólo escribe para niños, sino también para lectores de toda edad. Es autor polifacético de poesías, cuentos, novelas, antologías y ensayos que han merecido ser publicados por la UNICEF y por CONCYTEC.

La temática de su narrativa es variada, incluyendo la problemática de la minería, ya que desde 1988 labora en empresas mineras del Norte y Centro del país. ¿Cómo hace Roberto para producir tanto y bien, compartiendo sus obligaciones laborales con la Literatura?

A ustedes, amables asistentes, les corresponde descubrir y deslumbrarse con la profusa producción de Roberto que, ha traspasado los linderos de nuestra Patria. A mí, me corresponde, presentar una de sus últimas novelas, por el momento: “Señal de la Cruz”.

En la novela, materia de este comentario, toca un tema polémico: El amor prohibido entre Vincent, un sacerdote carismático y Marcela, hija de un poderoso hacendado. Las acciones principales se desarrollan en Sybis, un pueblo lejano de Huari. ¡Huari, siempre presente en su vida y en su obra!

Antonio Machado dice que todo asunto es adecuado para la novela. Todo fragmento de vida puede engendrar una novela. Y Roberto toca algo real que está latente, escondido, listo para ser expuesto; pero no copia sino que crea otra realidad. Toma una parte de la vida como material bruto y la modela de nuevo, en forma inédita.

Indirectamente, nos plantea el problema del celibato, aconsejado por filósofos e impuesto por religiones, desde tiempos milenarios. Roberto no dogmatiza, no moraliza. Se limita a presentar el problema humano del eterno enamoramiento entre un varón y una mujer que obnubila la razón y desborda el instinto.

La ilustración de la carátula ya nos presenta el tema. El simbolismo del título “Señal de la Cruz” nos remite a la actitud de sorpresa ante un hecho no esperado: ¡Un cura amando y procreando hijos!

En la novela o relato de ficción, Vincent y Marcela tienen cuatro hijos: Gudelia la profesora, la bella enfermera Rosa Amelia, Magda la mudita y Luis que muere acribillado, en venganza por haber enseñado al pueblo a enfrentar y vencer al terrorismo. Cada uno protagoniza historias individuales que se entrecruzan.

El personaje principal se debate en una lucha interior entre la fe y la razón, el pecado o el amor puro, la promesa de castidad o la pasión, la disyuntiva de ser sacerdote o esposo. Al principio huye; pero termina rindiéndose, demostrando flaqueza y falta de voluntad, que tanto había criticado en sus prédicas.

La trama de la obra revela la tragedia de Vincent, degradado como hombre, obligado a ocultar su paternidad; el drama de Marcela, enclaustrada de por vida, para evitar el qué dirán; las consecuencias en la descendencia: Una familia proscrita, disgregada, con enredos sorprendentes, como dos hermanas que comparten al mismo hombre sin saberlo; como el amor que nace entre sus hijos, sin saber que son hermanos.

Igual que en los libros clásicos del romanticismo, está Camila, un personaje intermediario entre los amantes, forzados a largas ausencias. También está presente la esperanza, como cuando Marcela, en medio de malezas, descubre “¡el camino!, el sendero secreto del amor y la felicidad.”

La novela como género abierto, contiene diversos elementos: En esta obra de nueve capítulos, se introducen historias paralelas o subordinadas unas a otras, integrando o alejando a los personajes. Está, por ejemplo, la historia de Gabriel que incursiona al terrorismo, un enemigo que no es invencible, cuando se organiza el pueblo. Está la nueva relación del cura con María Cristina, luego de la muerte de Marcela, a causa del terremoto. Están las supersticiones y creencias, como la Nina Mula que aparece como tropel de fuego, cada vez que Marcela alumbra a un hijo del cura; el Ucumari u oso, capaz de fecundar a una mujer, en el imaginario popular.

Están descritos los hechos de la problemática nacional: Las invasiones, las insólitas negociaciones políticas entre el APRA y su perseguidor Odría, la migración, el alcoholismo para ahogar las penas, la maternidad precoz, luego de un breve ritual entre adolescentes y el machismo, como cuando el hacendado que había proscrito a su hija, se alegra de tener un nieto varón que dará continuidad a su apellido o, como cuando Magdita, dejaba al pie de la cama de su hermano Luis, los zapatos bien lustrados.

Sobre todo, está el desastre natural que entierra a Sybis, como una evocación del sismo del 31 de mayo que, en la vida real, borró a Huaraz, dejando dolor y desolación que hoy recordamos, todavía sobrecogidos. Por eso, la presentación de esta obra, el día de hoy, cobra significado y crea un lazo de afecto con Roberto que está compartiendo con nosotros, el triste recuerdo del fenómeno que enlutó a nuestro corazón. Para corroborar estas afirmaciones, leemos un fragmento de “Señal de la Cruz” (Págs. 141-142). De esta lectura, deducimos la idea filosófica de la “horizontalidad de la muerte”, que nos hace evocar los versos de Jorge Manrique:

“Nuestras vidas son los ríos
que van a dar en la mar
que es el morir:
Allí van los señoríos
derechos a ese acabar
y consumir;
allí los ríos caudales,
allí los otros medianos
y más chicos
allegados son iguales
los que viven por sus manos
y los ricos”.

A pesar de todo, el humor está presente (Leer pág. 142): “Ricardina Hidalgo con sus siete hijos, que fue abandonada por su esposo al día siguiente del matrimonio por no hallarla virgen. Sin embargo, con el amor y consideración de Isidro Ferro, se pobló de hijos con el apellido de su legítimo esposo, jactándose de amarlo tanto que se embarazaba en su memoria” Otro ejemplo de humor, usando la comparación y la hipérbole: “Don Salomón Tarazona, despojado por primera vez de su enorme humanidad, todavía abierta la herida por donde había fugado la fantástica bolsa estomacal en la que depositaba sin pestañear un carnero entero, un perol de sopa y media arroba de papas. A su lado, ironías de la vida, doña Maricarmen Silva “Bolsas Tristes”, la más delgada del pueblo.”

Develado el tema central y los secundarios, podemos decir: ¿A qué especie pertenece la novela? ¿Romántica?, ¿Realista?, ¿Costumbrista? Les invito a leer para que ustedes mismos la ubiquen y además, digan con qué personaje se identifican.

En cuanto a la estructura, descubrimos que el inicio de la obra es el final de la misma (Leer último párrafo de la pág. 191 y primeros párrafos de la pág. 7): La misma exclamación “¡Cuánto camino recorrido!” al final de la vida de Vincent, que al mismo tiempo, es el comienzo evocador de la historia que se relata.

El autor intercala otras formas: Poemas, canciones, diálogos, monólogos, artículos periodísticos, como el referente a los años difíciles de la ocupación terrorista. (pág. 138); cartas como la que envía Gudelia a su hijo Luis Alberto, comunicándole su sospecha sobre Gabriela: “hay algo que no encaja” (págs. 184-185).

Hay dos tipos de narrador: Uno en tercera persona, el autor testigo, externo, fuera de la historia; otro, en primera persona, personajes que forman parte del relato.

A pesar de la estructura compleja, con intercalación de capítulos que explican otros, la obra no pierde unidad, como producto de una inteligencia ordenadora.

La forma de expresión es la prosa, pero no por ello, están ausentes las figuras literarias. Abundan las prosopopeyas o humanización de cosas inertes, como ichus que silban, rocas que transpiran frío, río que descansa, etc.

Toda novela tiene normas: Maestría en la acción, penetración sicológica, viveza en la trama, plasticidad en los tipos y escenarios, enérgico contraste de personajes y humanas pasiones. Todo ello, creo que está en “Señal de la Cruz”, cuya lectura cautiva nuestro interés, de principio a fin.

Esta novela tiene fuerza expresiva, por la reunión de estos caracteres:

- SINCERIDAD, sin amaneramiento.

- CLARIDAD, porque hay relación directa de los hechos, sin entretenerse en las palabras.

- PRECISIÓN, con un vocabulario adecuado y oraciones cortas.

- ORIGINALIDAD, como sello de distinción y de personalidad, haciendo uso de la libertad de contenidos y formas. Desconozco qué otras novelas tocan este tema, mejor o peor, pero Roberto nos lo presenta desde un ángulo distinto, desde un punto de vista diferente.

Hay un acercamiento al estudio sicológico y a la descripción de conflictos espirituales. La mayoría de hechos se dan cronológicamente, pero también hay el tiempo circular, propio de la novela francesa del 50.

Por otra parte, cada persona tiene una conciencia literaria. No valora de la misma forma que otra. El ambiente social nos envuelve y sustenta, la época y el estado de ánimo, también influyen; pero estoy segura que por encima de estos factores de apreciación, la obra se adaptará al gusto estético de la mayoría de los lectores.

Como dice Séneca, el estilo es el rostro del alma. Tal es el estilo en los hombres, como es su vida y a mí me parece, que Roberto Rosario trasluce su personalidad, integrando lo imaginativo, lo intelectual y lo afectivo. En hora buena que haya publicado este libro, a través de la Editorial San Marcos. Su lectura nos produce satisfacción y nos deja una sensación de complicidad.

Invito a todos ustedes a adquirir el libro y a descubrir, por sus propios medios, la fisonomía literaria del autor y los detalles del argumento, porque ese libro, por su dimensión alegórica, es propicio para la lectura íntima que invita a la reflexión y comentarios.

Horacio dice que el esfuerzo renueva y perfecciona el temperamento del artista. Conociendo a Roberto, sé que continuará produciendo, abriendo perspectivas nuevas, en trabajos posteriores.

Felicitaciones Roberto y gracias por haber escogido a Huaraz, como lugar de presentación de tu novela que, no dudo, atraerá la atención de todos y todas.

Huaraz, 31 de mayo de 2013.

Alejandro Mautino, Nelly Villanueva, Carlos Toledo, Roberto Rosario y José Antonio Salazar, luego de la presentación de la novela SEÑAL DE LA CRUZ de Roberto Rosario, en Huaraz,

lunes, 1 de abril de 2013

DIA INTERNACIONAL DEL LIBRO INFANTIL Y JUVENIL



Roberto Rosario, Matilde Pérez Palacio y Magda Portal, en la inauguración del Primer Encuentro Nacional de Literatura Infantil y Juvenil. Lima 1982.

Desde el año 1967, el 2 de abril se celebra el Día Internacional del libro Infantil y juvenil, conmemorando el nacimiento del escritor danés Hans Christian Andersen (Odense, 2 de abril de 1805), autor de El patito feo, La sirenita, El traje nuevo del emperador, Soldadito de plomo, La pequeña cerillera y un centenar de otros cuentos.

Esta celebración que desde 1967 promueve IBBY, busca estimular el amor por la lectura y promueve el interés por la publicación de libros para niños.

En el Perú, desde el año 1982, la Asociación Peruana de Literatura Infantil y Juvenil APLIJ, promueve la celebración de esta fecha y anualmente realiza Encuentros Nacionales de Escritores de Literatura Infantil y Juvenil en diversos lugares del país. Este año se celebrará en Chepén, La Libertad, el XXXII Encuentro, cita obligada de escritores y plataforma en la que se presentan sus nuevas obras.

En esta fecha, coincidente con la celebración del MES DE LAS LETRAS en nuestro país, es justo reconocer la meritoria labor de la APLIJ, organización sin fines de lucro, ni auspicio oficial que aún en los años más difíciles de la década del noventa, no desmayó en su noble misión de promover la publicación de nuevos libros para niños y jóvenes, estimular el hábito de la lectura, destacar el surgimiento de nuevos autores, cuyo mérito es el actual incremento de obras, acordes con las necesidades e intereses de los jóvenes lectores.

Es propicia la oportunidad para recordar el apoyo inicial de dos personalidades, una de las letras y otra de la política, quienes apoyaron nuestra iniciativa de integrar a los escritores del país en épocas en la que no se daba importancia a la literatura para niños, como en la actualidad. Me refiero a la poeta Magda Portal, Presidenta de la ANEA y a la Dra. Matilde Pérez Palacio, Presidenta del INABIF, sin cuyo apoyo, no hubiera sido posible realizar el Primer Encuentro Nacional de Literatura Infantil en octubre del año 1982, punto de partida del movimiento literario a favor de la niñez y la juventud más importante del Perú.

Con este motivo es justo tributar homenaje a los escritores fundadores del movimiento, en orden alfabético: Adriana Alarco de Zadra, Augusto Alba Herrera, Hernán Alejos Chuquiarqui, Carmen Luz Bejarano, Graciela Briceño, Jesús Cabel, Roberto Cortijo Chumpitazi, Gerardo de Gracia, Eduardo de la Cruz, Víctor Díaz Monge, Adriana Elejalde de Ayulo, Magdalena Espinoza García, Teresa Espinoza Martínez, Alida Elguera, Carlota Flores, Jacqueline Gehri, Lola Gálvez, Livio Gómez, Francisco González, Orfelinda Herrera de Ángeles, Milciades Hidalgo Cabrera, Manuel Ibáñez, Matilde Indacochea Pejovez, Fernando Lecaros, Elmo Ledesma, Saniel Lozano, Juan Manrique Castro, Olga Manyari, Virginia Mayorga Barba, Andrés Mendizábal, Marcial Molina Richter, Martha Muñoz de Coronado, Elmer Moreno, Román Obregón, José Oregón Morales, Jorge Ortíz Dueñas, Manuel Pantigoso, Jorge Pineda Palacios, José Portugal Catacora, Catalina Recabaren, Jesús Rojas Rivadeneira (ilustrador), Ernesto Ráez Mendiola, Manuel Robles Alarcón, Rosa María Rojas Guerrero, Roberto Rosario Vidal, Danilo Sánchez Lihón, Luzmán Salas, Enrique Solano, Esther Tanaka Accinelli, Iván Tello Carvajal, César Toro Montalvo, Fernando Valle Buendía, César Vega Herrera, Graciela Zárate y Andrés Zevallos.

Saludar y reconocer a distinguidos escritores y amigos que promueven la literatura Infantil y juvenil: Jorge Díaz Herrera, Arturo Corcuera, Jorge Eslava Calvo, Félix Huamán Cabrera, Isabel Córdova Rosas, Heriberto Tejo Gómez, Oscar Colchado Lucio, Carlos Villanes Cairo, César Ángeles Caballero, Manuel Pantigoso Pecero, Iván Rodríguez Chávez, Manuel Velásquez Rojas, Myriam Reátegui, Víctor Placencia, José Luis Ayala, Luis Alberto Calderón Albarracín, Ulises Gamonal, Carmela Abad, Gerardo García Rosales, Teodosio Olarte, Félix Atilio Rivera Alarcón, Juan Cárdenas Valverde, Román Obregón Figueroa, Mariana Llano, Dina Sánchez Baca, Elvira Castro de Muñoz, Antonio Escobar, Rully Falla, Maritza Valle, Bernardo Tineo.

De igual manera saludar y felicitar en la persona de la Dra. Sylvia Puentes de Oyenard, presidenta de la Academia Latinoamericana de Literatura Infantil y Juvenil, a los presidentes y presidentas de la Red de Academias que se están gestando nuestro continente.

Lima, 1 de abril del 2013.

Roberto Rosario Vidal
Presidente de la Academia Peruana de Literatura Infantil y Juvenil.

Escritores participantes del I Encuentro Nacional de Literatura Infantil y Juvenil realizado en Lima el año 1982.

jueves, 7 de febrero de 2013

ESCRITORA ARGENTINA JUDITH MENDOZA RECIBIO PREMIO NOVELA PARA NIÑOS EN LIMA


Ceremonia de entrega del Premio Latinoamericano de Novela para Niños a la escritora Argentina Judith Mendoza. En la fotografìa, de izquierda a derecha: Sara Montalván, Aníbal Paredes, Judith Mendoza, Roberto Rosario y Felipe Rivas Mendo. 

La escritora argentina Judith Mendoza, autora de la novela para niños “UN REMEDIO PARA BENVOLIO” de visita en Lima, se reunió el 7 de febrero con los miembros de la Academia Peruana de Literatura Infantil y Juvenil para recibir el Premio Latinoamericano de Novela para Niños, obtenido en el reciente concurso latinoamericano.
Judith Mendoza narró su experiencia como escritora en su país, como traductora en Australia y el maravilloso motivo de inspiración, su hijo Miles de dos años de edad.
La ceremonia de entrega del Premio se realizó en la Casa de la Literatura Peruana, con asistencia de los escritores Roberto Rosario Vidal, Presidente de la Academia Peruana de Literatura Infantil y Juvenil, los académicos Sara Montalván y Felipe Rivas Mendo y el señor Aníbal paredes Galván, gerente de la Editorial San Marcos.
La escritora ganadora del Premio Latinoamericano de Novela para Niños, firmó el contrato de edición del libro “UN REMEDIO PARA BENVOLIO” que publicará la editorial auspiciadora. La novela se presentará en la Feria del Libro de Lima el próximo mes de julio, junto con la novela ganadora del Premio Latinoamericano de Literatura Juvenil "PALOMITA DE SOL" del escritor peruano Sócrates Zuzunaga.

martes, 1 de enero de 2013

EN MEMORIA DE ROSA CERNA GUARDIA


CANTORAS DE LAS FABLILLAS DEL PESEBRE

Por: Dr. Saniel E. Lozano Alvarado
Miembro de Número de la Academia Peruana de Literatura Infantil y Juvenil

El año pasado por esta misma época, nos referimos a la original, tierna y estupenda obra de Esther M. Allison (1918- 1992), de quien afirmamos que, ubicada en la alborada de la literatura infantil peruana, es probablemente la autora más fina, más sutil, más tierna y estremecida por el tema de la Navidad, porque seguramente pocos como ella sintió, amó, vibró y cantó poéticamente el acontecimiento más grandioso y sublime de la cristiandad. Es que sus creaciones están bordadas y tejidas de niñez, de naturaleza viva, de flora, fauna, fronda, de gente sencilla y de ilusiones y candores, brotadas al influjo del fraterno y espiritual universo del nacimiento de Jesús. Algunos títulos de tan vasta, fina y fecunda creación sobre el tema así lo revelan: “Villancicos para el cenáculo” (1902), “Mester de niñería” (1965) y “Pajaritos de Belén” (1982).

Pero la obra de Esther, de pronto adquiere una nueva dimensión por el fraterno encuentro con otra cumbre de nuestra literatura infantil: la huaracina Rosa Cerna Guardia, cuya desaparición me acaba de comunicar, en sentida y alada nota, el escritor Roberto Rosario Vidal: ella ya no está más entre nosotros, porque en estos días en que ya relumbran los signos y las luces de Navidad, la fina y sensible maestra y poetisa se ha ido a vivir al cielo peruano y a todos los confines, en busca de la Estrella de Belén.

Rosa Cerna Guardia.

El editor y escritor chimbotano Ricardo Ayllón nos ayuda en la reconstrucción de esta semblanza: Rosa Cerna Guardia nació en Huarás en 1926. Estudió en la Escuela Normal Urbana de su tierra natal y después Periodismo en la Pontificia Universidad Católica del Perú.

Inició su carrera magisterial en el Instituto Industrial N° 11 de Huarás; luego prosiguió en la Escuela N° 444, de Chorrillos (de 1953 a 1966); en la Escuela 4518 de Barranco (1960-1971); y en el Colegio Pedro Ruiz Gallo (1971-1987).

Su abundante y fecunda producción comprende poesía y cuento, géneros que siempre revelan el ejercicio magisterial y la amorosa presencia de la niñez. Sus primeros libros fueron: “Imágenes en el agua” (1957), “Figuras del tiempo” (1958), “El mar y las montañas” (1959), “Desde el alba” (1966), “La niña de las trenzas azules” (1968) y el sorprendente “Los días de carbón”, que en 1966 obtuvo el consagratorio Premio “Juan Volatín”, convocado por la Sección Peruana de la Organización Internacional del Libro Juvenil, adjunta a la UNESCO.

A partir de la década del 70 la carrera literaria de la escritora y maestra de niños empieza a ser reconocida en el ámbito internacional gracias a la calidad de su obra y de sus continuos triunfos en concursos y certámenes. En este época publicó el libro de cuentos “El hombre de paja” (1973) y la antología “Los niños del Perú y sus poetas” (1976). Posteriormente dio a luz el poemario “Escrito en Barranco” (1987) y los trabajos “Tataramundo” (1989), “Al alcance de los niños” (1990), “Fablillas en el pesebre” (1993), “Una flor de cuentos” (1994), “Poemas del recuerdo” (1996) y “La alforja del jorobado” (1999), entre otros importantes títulos.

Tan intensa como variada producción le permitieron obtener diversos, justos y consagratorios reconocimientos, como el citado Premio “Juan Volatín”, el I Premio en el Concurso internacional de Literatura Infantil (Chile, 1968), II Premio de Poesía Nisei del Perú (1968), II Premio Nacional Ricardo Palma de la Cámara Peruana del Libro (1972), Premio Nacional de Educación Horacio (1993) y Mención de Honor en el Premio Mundial de Literatura José Martí (San José, Costa Rica, 1995).

En todo este conjunto reluce nítidamente la poesía inspirada en el supremo acto del nacimiento del Niño, deslumbrante acontecimiento cantado en múltiples, aladas y brillantes creaciones por Esther, como bien explicó su amiga: “Fablillas es el término que utilizó mucho Esther M. Allison, para designar los monólogos, diálogos, suspiros, canciones, arrobos y todo comportamiento o expresión, aún la no verbal ni musical, de asombro o movimiento de los seres, junto al pesebre de Jesús. “O cantar para Dios o quedar mudo”.

Entonces, como homenaje y fraterno recuerdo, con el referido título se publicaron algunos de los cientos de villancicos que escribiera Esther “para acercar a los niños a la luz del pesebre y a nosotros a la luz de su poesía tan llena de belleza y colorido”. O sea que en un solo libro se reúnen al unísono dos armónicas y supremas voces, para ofrecernos un estupendo concierto de sinfonía, amor y retablo navideños, con creaciones artísticas de inspiración, genio y acento netamente peruanos.

Estas “fablillas” son creaciones brotadas en el centro mismo del amor, la fe, la tradición, la naturaleza y la cultura peruana. Temblor de ternura. Sencillez de lo bueno. Brote de la fe. Afirmación de la más alegre, noble y festiva tradición cristiana. Difícil encontrar en la literatura peruana un logro de similares características y méritos.

Entonces, “Fablillas en el pesebre” convoca en un solo concierto la poesía de Allison y las prosas narrativas de Rosa Cerna. El variado, cromático y paisajístico contenido se agrupa en tres secciones: Estampas (de relatos breves, reales o imaginarios), Villancicos y Cuentos. Cada uno, a su vez, se abre con la palabra poética de la huarasina. A la primera sección, por ejemplo, pertenecen estos versos: “Todas estas cosas, / sucedieron en un tiempo. Todas …/ El amor llega, / tiende sus alas / y nos lleva / al lugar donde brota el agua, / donde la luz, el prodigio / y el misterio / son una misma cosa.

“Villancicos”, la parte medular y central del libro, abre su galería con esta muestra poética: “Para esos ojitos de cielo / de tan dulce mirar, / Para esa boquita chiquita / de tan dulce reír, / yo tengo un canto nuevo / que lo aprendí al venir, / bebiendo como la venadita / del hontanar. // Para ese lindo Niño / Enmanuel. / mi corazón de juguetería / y cascabel”.

A continuación se suceden en impresionante desfile de poesía y narración, en supremo alarde y derroche de creación artística, bajo el iluminador tema navideño: los villancicos de la santarrosita, del pájaro carpintero, del gallito de las rocas, de la lechuza, del huerequeque, del espantapájaros, del Martín pescador, del zorzal, del corequenque, del zorzal y tantos otros. Nunca la fauna y la floresta peruana tan heterogénea y diversa estuvo mejor representada, por lo menos en la literatura navideña.

Y los “Cuentos” empiezan su magia narrativa con estas líneas: “No sólo de cuentos / se hace un cuento. No. / Se hace también de poesía, / tradición y ternura, / imaginación, juego de palabras / música, sueños, / leyenda y fantasía.

Tan finas e inspiradas creadoras ya no están. Nos quedan su espíritu, su genial creación y el eterno tema del pesebre, que casi nadie cantó como Esther M. Allison y Rosa Cerna Guardia. Pero en esta y en todas las navidades sus villancicos y relatos iluminarán el Pesebre.

Fotografía tomada en el homenaje tributado por la Academia Peruana de Literatura Infantil y Juvenil: Rosa Cerna, Jesús Cabel, Roberto Rosario, Manuel Pantigoso, Milciades Hidalgo.


Rosa Cerna con las escritoras Carlota Flores, Sara Montalván...


Graciela Briceño, Roberto Rosario, Rosa Cerna, Sara Montalván.


Visita a Rosa Cerna en su casa: Roberto Rosario, Rosa Cerna y Oscar Colchado.

martes, 25 de diciembre de 2012

LIBROS DISTINGUIDOS POR EL PREMIO LATINOAMERICANO


Por: Luis Cabrera Delgado
El Premio Latinoamericano 2012 convocado por la Academia Peruana de Literatura Infantil y Juvenil contó con la participación de un alto número de autores, fue entonces lógico que los jurados, tanto de uno como del otro nivel convocado, encontraran obras de calidad, merecedoras muchas ellas de haber obtenido el máximo galardón. Fue lo ocurrido en el nivel juvenil, donde intentando un nivel de justicia, y ante la imposibilidad de dar más de un premio, se decidió otorgar Menciones Honrosas a cuatro de los textos concursantes. Al abrir las plicas de estos libros aparecieron nombres de reconocidos escritores, con importantes trayectorias dentro de la literatura del continente.

Uno de estos libros fue Fábula verde, de la boliviana Isabel Mesa, quien con este texto una vez más nos lleva y recrea por sus tópicos preferidos: la cultura aborigen, la historia y la modernidad, moviéndose hábilmente entre los planos realista y fantástico, lo que obliga al lector a participar en un juego de la imaginación que demanda una actitud avizora e inteligente. A ello nos tiene acostumbrado por algunos de sus libros, como pueden ser La portada mágica, Trapizonda o La esfera de cristal.

Fabula verde es una novela futurista con un mensaje ecológico, pero es también un texto con todos los ingredientes propios de una aventura de acción, con persecuciones, secuestros, mensajes codificados y escapadas peligrosas y emocionantes, en el que la autora, y como si todo esto no fuera suficiente para lograr un libro de interés para el público adolescente al que está dirigido, es capaz de combinar hábilmente, en voz de sus propios protagonistas, una serie de leyendas de los pueblos aborígenes con la trama que va desarrollando la novela, lo cual hace que estas no molesten y que el lector las conozcas de manera divertida.

Otros muchos elementos que son afines a los jóvenes de hoy en día acercan el texto a su lector implícito, desde los códigos de la escritura del chateo hasta un sinnúmero de equipos electrónicos (tabletas, laptops, irisphones, pantallas virtuales…) usados en oficinas y cibercafés para la comunicación en servicios como el Twitter y el Facebook; y otros muchos propios de la ciencia ficción que la autora crea para alertarnos que el mal uso de todos estos recursos pueden convertir al hombre en una máquina deshumanizada.

Este realismo, dentro de los parámetros de la literatura de anticipación científica es combinado con un recurso propio de la más común de las fantasías de los niños y de los pueblos primitivos: el antropomorfismo.

Al final, triunfa el bien sobre el mal, y las deidades protectoras marchan satisfechas pues los lectores se habrán enriquecido con el mejor de los goces estéticos y también aspirarán a un mundo mejor.

Otro de los textos mencionados fue La sombría casa de Dione, del cubano Aramís Quintero, poeta y ensayista de una amplia bibliografía publicada en Cuba y otros varios países, fundamentalmente en Chile donde radica desde hace años. Es graduado en la Licenciatura en Lengua y Literatura Hispánica, de la Universidad de La Habana, y entre sus libros se deben mencionar Maíz regado, Letras mágica y Rimas de sol y sal.

Aunque ha incursionado también en la narrativa, este nuevo libro no deja de sorprender, pues el autor entra en la novelística para jóvenes conservando su sello estilístico, “de una acendrada pureza lírica”, lo que se hace visible en la limpieza y belleza de su prosa.

La sombría casa de Dione, narrada desde una primera voz, la de su protagonista, con un preciso dibujo de la psicología propia de la adolescencia, es una novela de amor, o más bien de varios y grandes amores, pero con una envoltura de aventura y misterio, intriga y suspenso, donde está presente el asunto del vampirismo, tan de moda y preferencia en el interés de los jóvenes actuales; pero no usado por puro aderezo externo, pues ello le concedería un mero valor temporal, sino porque lo aborda para fijar una postura crítica ante la intolerancia y las conductas agresivas a las que conducen la intransigencia y el irrespeto a las diferencias. Toda la trama transcurre en un dosificado creyendo argumental, manejado por el autor con maestría dramatúrgica para mantener el interés lector, para al final sorprendernos con una solución totalmente realista del conflicto y destacar valores como la persistencia, la fuerza del amor y la valentía.

Matilde Rentería es una escritora poco proclive a la promoción de su obra; sus libros, en ediciones de autor, han circulado de manera limitada por su país: Chile. Entre estos podemos mencionar: Los cuentos de la Nati, Yoseg, Los caprichos de Natalia, y Cuba íntima. Crónica de un viaje.

Esta ha sido su primera incursión en un certamen literario y se alzó con una de las menciones otorgadas por su libro En silencio.

Se trata de una novela psicológica, narrada desde la perspectiva de un joven introvertido y sin el comportamiento optimista y alegre del resto de sus coetáneos, que lo lleva a una posición de aislamiento social y de incomprensión familiar. El texto aborda también el tema de la discapacidad, ésta en la coprotagonista de la historia y en una manifestación no abordada con mucho frecuencia: la condición de sordo muda. Esta joven motiva y mueve el sentimiento amoroso del protagonista y lo hace buscar y encontrar su lugar en la sociedad. Es, por lo tanto, una novela de crecimiento, muy adecuada para la edad juvenil, pues los acontecimientos que vive su actor principal y narrador, de quien, con toda intención de la autora, no le conocemos el nombre, lo llevan a un enriquecimiento de perspectiva de vida, con positivos cambios sociales, familiares y personales.

Es un texto con una redacción precisa y un lenguaje acorde a los parámetros apropiados para un libro puramente realista. Los acontecimientos están expuestos de tal manera que despiertan la curiosidad por la solución de los conflictos principal y parciales. Tiene presente el ingrediente romántico como motor primordial para las motivaciones de la acción dramática.

A orillas del Guadalquivir, de la argentina Carla Dulfano, aborda un muy interesante asunto, que aunque enmarcado en un momento histórico determinado de la península Ibérica en el bien remoto 1148, tiene plena vigencia en la actualidad, pues denuncia la xenofobia y la intolerancia ante posturas diferentes en la vida, en este caso la religión, pues nos traslada a los momentos previos de romperse la aparente armonía con la que allí convivían cristianos, musulmanes y judíos.

Carla trabaja como docente, y en la literatura ha obtenido galardones en concursos de España y diferentes países de América Latina. Es narradora, poeta, compositora y dramaturga y sus libros han aparecido por diferentes puntos del mundo de habla hispana.

Aunque los hechos y personajes de esta novela son ficticios, están inspirados en un personaje real, un médico medieval andaluz, Moisés Maimónides, cuya infancia feliz concluyó con la invasión almóhade marroquí a Córdoba, que obligó a su familia a exiliarse en Toledo.

Después de breves oraciones, de un narrador, que funcionan a manera de título de cada segmentos, estos son narrados en primera persona, pero alternando las voces entre los tres protagonistas. La relación amorosa entre los personajes jóvenes, sus conflictos por los exigentes compromisos religiosos que deben asumir, unidos a las actitudes rígidas de los padres, son elementos que coadyuvan a la comunicación lectora con el público a que está dirigida.

La autora maneja con habilidad la presentación de los diferentes pasajes de la trama para, por una parte darnos una serie de informaciones necesarias para entender las condiciones en que se desarrolla la historia, a la par que logra una dosificación dramatúrgica eficaz. Posee un muy adecuado nivel de lenguaje. Tiene sobre añadido el valor de remitirnos a un espacio geográfico, una época y a una situación que no nos atañe de manera directa, pero que de alguna forma, como latinoamericanos, tiene que ver con la historia nuestra y que constituye en elemento de enriquecimiento para la cultura general de los presuntos lectores de nuestra región.

Luis Cabrera Delgado

La Academia Peruana de Literatura Infantil publica con satisfacción esta segunda apreciación sobre las novelas que obtuvieron menciones honrosas en el reciente Premio Latinoamericano de Novela para Niños y Novela para Jóvenes. El autor del artículo es el distinguido escritor cubano Luis Cabrera Delgado, miembro fundador de la Academia Latinoamericana de Literatura Infantil y Juvenil, quien participó como miembro del Jurado Calificador del Premio. Le agradecemos por su esclarecedor aporte. Como él manifiesta, los trabajos mencionados, dada su alta calidad literaria deben ser publicados, recomendación que hacemos llegar a las editoriales.





sábado, 1 de diciembre de 2012

PREMIO LATINOAMERICANO DE NOVELA PARA NIÑOS Y NOVELA PARA JOVENES


Miembros de la Academia Peruana de Literatura Infantil y representante de la Editorial San Marcos en la ceremonia de entrega de premios a los escritores ganadores del Premio Latinoamericano de Novela para Niños y Novela para Jóvenes.

Dra. Sara Montalván, Dra. Carlota Flores de Naveda. Sra. Graciela de Paredes, Gerente de la Editorial San Marcos. Dr. Roberto Rosario Vidal. Dr. Saniel Lozano Alvarado.


Discurso de Bienvenida. Académico Danilo Sànchez Lihón.

Palabras de la Dra, Carlota Flores de Naveda, Miembro de Número de la Academia Peruana de LIieratura Infantil y Juvenil.  La Dra. Carlota Flores y la Dra. Sara Montalván Arteta, han cumplido un rol protagónico en el desarrollo del Concurso.

Lectura de la Valoración crìtica de la novela de Sócrates Zuzunaga,  enviada por el escritor cubano Luis Cabrera, a cargo del escritor Saniel Lozano Alvarado



El Dr. Roberto Rosario Vidal, Presidente de la Academia Peruana de Literatura Infantil y Juvenil, hace entrega de una Placa Recordatoria al escritor Sócrates Zuzunaga, Ganador del Premio Novela para Jóvenes.

En primera fila: Escritora chilena Matilde Rentería Velasco, Mención honrosa en Novela para jóvenes con la obra En Silencio, recomendada para su publicación,, al lado de la escritora Magdalena Espinoza García y los Académicos Milciades Hidalgo Cabrera y Felipe Rivas Mendo. En la segunda fila, el escritor Félix Huamán Cabrera y numeroso público asistente.


DE CARLOTA CARVALLO A SOCRATES ZUZUNAGA, MEDIO SIGLO NOVELANDO PARA NIÑOS
Por: Roberto Rosario Vidal
Presidente de la Academia Peruana de Literatura Infantil y Juvenil
Uno
Cuando Lima era una ciudad no tan grande y despersonalizada como en nuestros tiempos, las provincias con mayor razón, eran lugares donde casi todos se relacionaban por algún lazo de parentesco, tratándose de tíos y primos, comportamiento que hacía más llevadera la vida, desarrollándose hábitos, costumbres y valores.

Cuando la radio era el único medio de comunicación masivo, tímido y respetuoso, a través del cual no sólo se recibían noticias y música, sino hasta descripciones de encuentros futbolísticos y confrontaciones de box, tan bien narradas que prácticamente, aguzando los sentidos, parecíamos mirar a los jugadores y contrincantes, los padres de familia y principalmente los abuelos eran los principales narradores de historias que la tradición oral renovaba argumentos y enriquecía secuencias que deleitaban a los adultos y atemorizaban a los niños, quienes temblando de miedo se resistían a irse a dormir, por seguir escuchando las historias, al calor de las cocinas de leña y las abrigadoras mantas de las abuelas.

Dos
Estando próximos a celebrar el medio siglo XX, los niños del Perú tuvieron la oportunidad de disfrutar de las aventuras un simpático duende, personaje de la novela Rutsí el pequeño alucinado, de la escritora Carlota Carvallo de Núñez, publicado el 28 de febrero de 1947, por el Ministerio de Educación, que tuvo el acierto de distribuir esta mágica novela en todas las escuelas del país.

La feliz publicación de Rutsí, es un hito en la novelística dedicada a niños y adolescentes de nuestra patria. Hasta entonces los más afortunados podían deleitarse con las revistas procedentes de Argentina y Chile Billiken, Peneka y publicaciones nacionales limitadas que ya habían comenzado a circular desde la publicación del libro de cuentos Juguetes de Alida Elguera Mac Parlin, cuya primera edición data de 1929. Es oportuno resaltar esta iniciativa, que permitió que los jóvenes lectores accedan a historias propias de su entorno socio cultural, a sus experiencias, a los paisajes conocidos, a los personajes familiares, a los valores que les inculcaron sus mayores.

En esta época aparece El retoño de Julián Huanay (1950), obra destacada del indigenismo hispanoamericano que protagoniza un niño serrano llamado Juanito Rumi, quien partiendo de Ayla, al pie de los cerros grises donde nace el Mantaro, se dirige a Lima, la ciudad que atrae a los jóvenes que no encuentran oportunidades de trabajo y desarrollo en sus propios pueblos. Historia de un niño trabajador que a su temprana edad transita como Dante por los infiernos de horrendas y peligrosas minas, donde los niños trabajan en igual condición que los adultos, como todavía en pleno siglo XXI se explota a niños en ladrilleras y en el comercio ambulatorio a altas horas de la noche, ante la indolencia e inoperancia de las autoridades.

Con conocimiento de causa porque Julián Huanay fue minero, relata de manera más cruda y directa que César Vallejo en El Tungsteno (Madrid, 1931), la problemática minera, donde los niños son protagonistas de experiencias que no deben repetirse.

Julián Huanay, junto con Carlota Carvallo y Francisco Izquierdo Ríos, autor de la novela Gregorillo (1957), son pioneros de la novelística dedicada a niños, ejemplo que sigue años después con gran acierto la escritora huaracina Rosa Cerna Guardia con Los días de carbón (1966) obra que el escritor Jesús Cabel categoriza como cuento.

En la década del setenta César Vega Herrera publica La noche de los Sprunkos (1974) con la que obtiene el Premio Nacional de Fomento a la Cultura y Pasakón (1976), novelas fantásticas en las que sus personajes son seres extraordinariamente libres, soñadores y felices.

Una década después el escritor que emerge de las espumas del agitado océano del norte tras el apogeo de la pesca, Oscar Colchado Lucio ingresa a la palestra narrativa con Cholito en los Andes Mágicos (1986), Cholito en la ciudad del Río Hablador (1996), Cholito en la maravillosa Amazonía (1999), novelas para niños de profunda raigambre popular, que se nutren de la tradición oral, de la fabulosa imaginería andina, hasta entonces poco explotada, que este autor desarrolla y difunde con pasión. De esta época data también Las cometas del paraíso de los suicidas de José Hidalgo (1990), ganadora del premio de Novela José Gálvez Barrenechea.

En nuestra patria cada década regala a la literatura nuevas figuras, como si los dioses del Olimpo literario tuvieran minuciosamente planificado despertar con estrellitas de inspiración a los escritores, para que deleiten a los niños y jóvenes con nuevas y variadas obras inspiradas en la diversidad geográfica y cultural de nuestro amado país. La década del noventa corresponde a Félix Huamán Cabrera, poeta y narrador de prestigiosa pluma con galardones en la narrativa social y andina con obras no precisamente dedicadas a los niños. Con esta experiencia, como todo escritor que se respete, Félix Huamán incursiona en la narrativa para niños y jóvenes sin proponerse expresamente, pero poniendo en práctica las más bellas flores de su Edén literario y entrega Agomayo río de arena (1971) obra de la que se desprende y luego de madurar posteriormente el autor publica El toro que se perdió en la lluvia (1995). Vendrán luego sus libros Agua encanta, En las espigas de junio, Haití en los girasoles, La becerra encantada, Gato tinyero, El corcel del Monte Carmelo, Entre las espinas que bonita flor, Los niños de barro y Ladraviento, novelas que son leídas con devoción por los niños de las instituciones educativas principalmente estatales de Lima y gran parte del Centro del país.

En esta corriente se encuentra Resplandor en el Huancamayo (1986) de Magdalena Espinoza García, médico pediatra y escritora de vocación, autora también del libro Niños del Tawantinsuyo (1995), obras en las que Magdalena desarrolla con maestría escenas de la historia prehispánica que narran sobre la forma de vida, del trabajo, luchas, conquistas, inteligencia, arte y valor de los antiguos peruanos.

El tiempo limita referirnos a la obra de los autores contemporáneos que trabajan con ahínco novelas para niños y jóvenes. Sin embargo no podemos dejar de mencionar la obra de Ketty Alvarez Kook Reina de los mazapanes (2000); los libros de Jorge Eslava Calvo: Florentino el guardador de secretos (1990), Descuelga un pirata (1994), La niña de la sombra de colores (1997) y Templado (2004). La simpática novela de Heriberto Tejo Gómez Mi amigo el Glumpo (1998). De Carlos Villanes Cairo Retorno a la libertad (1990), Las ballenas cautivas (1991), Destino la Plaza Roja (1998), entre otras. De Isabel Córdova Rosas, El rescate (2006) y Mozart, el niño genio (2006). De Edgard Bendezú, Fabulinka (2012). Este año nosotros aportamos también a este género la novela El trotamundos en el Callejón de Huaylas, siguiendo la zaga de El trotamundos que nace inicialmente como un libro de cuentos que ha logrado varias reimpresiones en tres ediciones, dos de ellas en Argentina.

Tres
Fiesta de la palabra escrita hecha poesía, prosa que busca el placer estético, género que proclama la libertad y desarrolla la imaginación del autor y del lector rompiendo ataduras, es la novela. En ella pueden tratarse temas trágicos, cómicos, científicos, mágicos, terroríficos, románticos, místicos. Pueden figurar personajes reales imaginarios, fantásticos, presentes, ausentes, imaginados, soñados, admirados, temidos, ignorados, odiados. Animales, plantas, minerales, voces, gemidos, gruñidos, ladridos, maullidos, rugidos. Todo cuando pueda imaginarse, argumentando, creando innovando, amasando la palabra con amor, cultivando el lenguaje como un agricultor enamorado, un pastor de auquénidos en la puna solitaria escuchando el susurro del ichu agitado por el viento, el rugido de los cerros empinados cortando la nieve en delicados copos, trabajando las silabas, las frases artísticamente de modo que reúnan el único requisito de ser expresado con belleza, literariamente. Nada más que eso y si las novelas que crea el orfebre de la palabra tienen como destinatario a los niños, con más razón, deben ser trabajos con mayor rigor.


Cuatro
Queridos amigos, hemos querido celebrar el XII aniversario de la creación de un movimiento literario latinoamericano denominado Academia Peruana de Literatura Infantil y juvenil, que nació el 12 de julio del año 2002 en la ciudad de Ayacucho, en el marco del “I Curso Taller Internacional de Literatura Infantil y Juvenil, Por los niños del mundo, Cuba-Uruguay-Perú” cuyo manifiesto inaugural reza: “Por la Unidad Cultural de Latinoamérica a través de sus culturas y el impulso de la literatura destinada a los niños, niñas y jóvenes, como medio que contribuye a la información y formación de la identidad de los pueblos…”.

En este acto se acuerda crear la Academia Latinoamericana de Literatura Infantil y Juvenil, constituida sobre la base de la creación de Academias Nacionales de Literatura Infantil y Juvenil en cada país adherente. Oportunidad en la que se designa a la escritora Sylvia Puentes de Oyenard, Presidenta de la Comisión Organizadora de la Academia Latinoamericana de Literatura Infantil y Juvenil y se constituye las comisiones organizadoras de las Academias Nacionales de Cuba, Perú y Uruguay en la persona de los escritores Luís Cabrera Delgado, Roberto Rosario Vidal y Sylvia Puentes de Oyenard, respectivamente.

Desde entonces el movimiento ha crecido en el plano humano y territorial, integrando progresivamente a las figuras más prestigiosas de la literatura infantil de Latinoamérica que representan a los países que adhieren su compromiso con la educación, la cultura y el desarrollo integral de la infancia que proclama la Declaración de los Derechos del Niño, promulgado el 20 de noviembre de 1959, aniversario que escogimos para anunciar los resultados de los Premios de Novela para Niños y para Jóvenes, convocados por la Academia Peruana con el auspicio de la Academia Latinoamericana de Literatura Infantil y Juvenil que preside la Dra. Sylvia Puentes de Oyenard, con sede en Uruguay, la Casa de la Literatura Peruana que desde su fundación se ha convertido en la casa de los todos los escritores, cuya Directora la Dra. Karen Calderón nos honra con su presencia, la Editorial San Marcos, constituida por mérito propio en la editorial de los peruanos, representada por la señora Graciela de Paredes, su Gerente de Comercialización.

Siendo esta una fiesta literaria, qué mejor oportunidad que brindar por la literatura, celebrando el triunfo de dos novelas que constituyen hitos históricos a partir de los cuales debe iniciarse una nueva era en la literatura para niños y jóvenes: PALOMITA DE SOL del escritor Ayacuchano Juan Edilberto Sócrates Zuzunaga Huaita y UN REMEDIO PARA BENVOLIO de la escritora argentina residente en Australia Judith Mendoza.

Queremos destacar finalmente que la presente ceremonia de premiación sienta precedentes respecto al liderazgo que deben asumir los escritores, respecto a la publicación de sus obras. No más concursos para premiar a los autores de las casas editoriales. Tomando la iniciativa de la Academia Boliviana de Literatura Infantil y Juvenil que acaba de publicar el magnífico libro Los recomendados, nuestra Academia constituirá una comisión que se abocará a la revisión de la bibliografía adecuada para los niños y jóvenes, a fin de constituirse en valiosa guía para padres y maestros.

Feliz Aniversario de la Academia Peruana de Literatura Infantil y Juvenil. Felicitaciones escritores ganadores. Gracias por el apoyo en la calificación de los trabajos presentados, distinguidos miembros de la Academia Latinoamericana, Cubana y Peruana.

Gracias al selecto público asistente.